Descubra a los Nikkei

https://www.discovernikkei.org/es/journal/2023/11/7/arigatai/

Arigatai!!!

Hiro-chan, asagohan yo! – así me llamaba mi madre para desayunar y yo rápidamente me levantaba con alegría y buen humor para saborear el arroz con la nutritiva misoshiru!

Al vivir en el interior, Osvaldo Cruz, Alta Paulista, en aquella época (fines de los años 1960 a fines de los años 1970), no era fácil obtener ingredientes adecuados para los platos nipones. Los inmigrantes y sus descendientes improvisaban con lo que había en Brasil, y mi madre no era la excepción: doña Takeko, más conocida como doña Carmen, sabiendo que a su hija menor le encantaba el sashimi, se arreglaba con sardinas, ¡y yo las saboreaba con gusto! En casa había una plantación de hibiscos para hacer conservas de ume, cuyo sabor ácido imitaba al de la umeboshi, hecha de ciruela japonesa.

Mi padre con mi hija en 2002

El shiro gohan (arroz sin condimentar) era imprescindible, aunque estuviera hecho con arroz brasileño o mezclado con mochigome (arroz japonés muy pegajoso). El mochigome puro era un alimento de lujo que sólo se utilizaba en ocasiones especiales. Los onigiri (albóndigas de arroz) se elaboraban con shirogohan. ¿A qué criatura no le encantaba?

En cuanto a las historias sobre comida, mi padre también tiene una fuerte presencia en mis recuerdos.

Hiro-chan, Tupã ni yoji ga aru node, issho ni ikoka? “Tengo algo que hacer en Tupã, ¿no quieres venir conmigo?” – así me llamaba mi padre para hacerle compañía. Íbamos con el Escarabajo o el Brasilia para la ciudad vecina.

Yo iba de buena gana sabiendo que iba a tomarme un nabeyaki en el restaurante de la estación de autobuses, propiedad de un nikkei. No había ingredientes importados sofisticados como ahora, pero los toppings eran geniales, ¡incluso había kamaboko (pasta de pescado)! Encima, un huevo frito con el centro blando, que me resultaba intrigante. Sabor único, aun después de tantos años, no lo he encontrado en ningún otro lugar ni he logrado reproducir el sabor del caldo en casa.

Mi padre ni siquiera necesitaba decir: ¡Mottainai! ¡Zenbu tabenasai! (¡Qué desperdicio! ¡Come todo!) – ¡porque todo el nabeyaki ya había tenido su fin noble!

El Obento tenía una presencia obligatoria cuando íbamos a viajar. El onigiri combinaba bien con bife, omelette, ume e incluso salchicha, en una combinación “políglota”. Y había que tener cuidado de no incluir tsukemono (pickles) -muy malolientes- cuando íbamos a algún lado en autobús. Era un espectáculo aparte. Otro ítem culinario, el mochi (albóndigas hechas de motigome batido) no era sólo para Año Nuevo, yo quería ozooni en cualquier momento. ¡Qué delicia mochi calentito con salsa de shoyu! ¡Muchas cosas quedan estupendas con cebolla de verdeo picada encima!

La comida es el primer elemento de nuestra memoria afectiva, pero mis padres también valoraban mucho los estudios, la lectura y el conocimiento. Nuestra casa era pequeña, pero teníamos dos bibliotecas. Allí estaban las revistas femeninas japonesas de mi madre, los mangas de mi padre para niños, además de la enciclopedia Barsa y los grandes clásicos de la literatura brasileña (Guimarães Rosa, Érico Veríssimo, etc.) que mi madre solía leer.

Mi cuadro y yo en la Exposición de Arte en Adamantina, 1980

Las revistas me encantaban por su colorido y variedad de temas; las artesanías me despertaban tanto que las practico hasta el día de hoy. Mi madre me enseñó a tejer al crochet leyendo guías gráficas.

Yo era fanática del manga, mi padre me los leía, y eran momentos de compañerismo muy agradables, en los que agregaba emoción a los diálogos y a las onomatopeyas, haciendo las historias más divertidas. El manga me hizo querer ser diseñadora y me ayudó a aprender mucho del japonés. Esperaba ansiosa cada número siguiente para descubrir el desarrollo de las historias. Libros infantiles con páginas muy gruesas y con una calidad de impresión que no había aquí y me maravillaban.

Los colores, las formas, la delicadeza y la sutileza de las artes japonesas entraron en mi corazón y las llevo dentro hasta el día de hoy.

Cada vez que mi padre iba a San Pablo, traía algún regalo para sus hijos. ¡Los crayones en la cajita eran mágicos! ¡Tanoshimi!

Era mi sueño asistir a nihon gakko (escuela de idioma japonés), ya que quería descubrir los muchos libros que me rodeaban, pero no me fue posible en esa época. Aunque no me negaron el libro número 1 de la serie de libros para los nikkei brasileños impresos en Japón: Nippongo n°. 1... Sora aoi Sora... Todos los de esa época ciertamente recuerdan esa serie de libros didácticos.

El undokai (gincana multideporte) cada inicio de Año Nuevo en la ADOC (Asociación Deportiva de Osvaldo Cruz) era inolvidable. Todos en mi familia participaban. Confieso que corría desesperadamente por el terreno irregular y muchas veces quedaba al menos en el tercer puesto, excepto cuando era muy pequeña y mis cortas piernas no respondían. Los premios eran cuadernos de espiral, libretas encuadernadas, un bolígrafo y un lápiz, como incentivo a los estudios. Los niños que recibían los cuadernos estaban orgullosos... Mi madre era imbatible con sus pies veloces, ¡ni pensar en dejar caer el testigo en una carrera de relevos!

Carnaval en la ADOC en 1979. De izquierda a derecha: mi hermana, una amiga suya, mi prima y yo al frente.

En la misma ADOC, no podía faltar el campeonato de béisbol. Las familias nikkei llevaban obento y ocupaban las gradas. Un buen momento para que las adolescentes coquetearan con muchachos nikkei con pinta de galanes. El equipo de mi ciudad llegó a ganar varios campeonatos. Allí también se celebraban los bailes de carnaval, pero mi madre sólo nos permitía ir a las matinés, que eran recatadas, según lo exigía la educación japonesa.

Otro recuerdo del Año Nuevo era la costumbre de que los niños acudieran a las casas de las familias nikkei para desearles un Feliz Año Nuevo con la esperanza de que se les regalara una pequeña cantidad de dinero, tal era la rutina. Tanoshimi era la palabra que definía el sentimiento infantil en aquella ocasión. Como vivíamos en una zona rural, íbamos sólo a la casa de mi tía, que estaba muy cerca de la nuestra. Aun así, mi hermana y yo salíamos corriendo después de que mi madre nos diera el visto bueno, nuestros corazones repiqueteando de entusiasmo. No recuerdo qué hice con las monedas que recibí, sólo recuerdo la alegría de haberlas recibido.

No podría dejar de contarles sobre el evento que quitaba la monotonía de las vacaciones escolares de julio: la Fiesta del Huevo en Bastos, la capital del huevo y de mayor concentración de nikkeis de la región. Las granjas de huevos requieren un trabajo diario y ostensivo, y con los nikkeis, acostumbrados al trabajo, se llevaron bien.

Monte Fuji hecho de huevos y mi padre y Mariana en la Fiesta del Huevo, 2005

Este evento también me ayudó a percibir un gran mundo. Me deslumbraban el colorido y las novedades. La variedad de productos nacionales e importados. Maquinaria agrícola y avícola. Alimentos japoneses y de otros países. Fue allí donde descubrí el delicioso “Milkiss”, una bebida láctea y dulce. Puestos de venta del pastel muy brasileño, udon y ramen también. Las asociaciones de provincias que presentaban el tradicional odori (danza típica japonesa). La perfección de las artesanías, especialmente, las muñecas con kimonos.

Fiesta del Huevo. Mariana, Clara, mi padre Tsutomu y yo, 2006

En el Festival de Bon Odori era divertido encontrarme con mis primos frente al kaikan (sede de la asociación) y ver a las mujeres bailando con trajes típicos. Nos metíamos al final de la fila e intentábamos imitar los movimientos. Mi primo, dos años mayor que yo, hacía muy bien los gestos, yo era la más pequeña del grupo y me esforzaba.

El kaikan era un salón sencillo casi pegado a un templo budista donde se celebraban misas en honor a los difuntos. Allí tenían lugar bodas, fiestas de cumpleaños y otros eventos. Los discursos eran largos y en japonés, y los niños hambrientos tenían que soportar esa tortura. En las bodas se escuchaba el Banzai (¡Viva!) intercalado con “¡Bibaaa!”, con acento japonés.

Un tío mío celebró allí sus 60 años e incluso llegó a presentar una obra de teatro en homenaje al aniversario de la inmigración. Él, que llegó a Brasil a los 16 años, representó a un inmigrante recién llegado y las dificultades de estar en una tierra lejana y completamente diferente a su tierra natal.

Hoy, después de tantos años y viviendo en la ciudad más grande de América Latina, los días de sencillez del pasado nunca volverán, pero tres palabras de aquella época definen mi estilo de vida: Tanoshimi, las alegrías de las buenas expectativas que traen a la mente muchos sueños y perspectivas; Mottainai, no practicar el desperdicio, que me enseñó a vivir una vida sin ostentación, con discreción, y la palabra que mi madre solía pronunciar: Arigatai, gratitud, ella nos aconsejaba estar agradecidos por lo que teníamos, especialmente por nuestra salud.

Aún tengo muchos sueños y, si en el pasado no tuve oportunidades, hoy cuento con Internet. Este instrumento me permite seguir realizando mis sueños.

Hace unos cuatro años comencé a pintar con acuarela, hace unos tres años hice un curso online para mejorar mi japonés y tengo la intención de seguir algunos tutoriales de dibujo manga en YouTube.

Estoy muy agradecida a mis padres por la infancia que me brindaron. Eran personas sencillas, inteligentes y sabias, que supieron presentar la inmensidad del mundo a sus hijos, incentivando sus dones y talentos, alimentando sus sueños.

Hoy ya no están con nosotros, pero percibo su legado cuando veo a mi hija, hoy ya adulta, que es una persona ética (también es mérito de mi esposo no nikkei).

Mariana, Paulo, mi esposo y yo, 2023

Lo noto cuando veo su gusto por el manga y las ilustraciones que crea. Cuando le veo habilidades artesanales en joyería con alambres y piedras, así como el gusto por la cocina japonesa. Me pone feliz que ella también haya podido captar que hay miles de posibilidades en este vasto mundo y la importancia de creer en su potencial.

En la hilera superior: mis pinturas. En la hilera inferior: grabados de Mariana

 

¡Arigatai! ¡Arigatai!

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Nuestro Comité Editorial seleccionó este artículo como una de sus historias favoritas de serie Creciendo como Nikkei en português. Aquí está su comentario.

Comentario de Laura Honda-Hasegawa

Crescendo Nikkei contou com a participação de cinco mulheres nikkeis brasileiras que falaram de como a cultura japonesa influenciou suas vidas, bem como abriram o coração para expor seus sentimentos, percepções e dúvidas com relação à identidade de ser uma nikkei. Assim como temos histórias surpreendentes, nossa atenção é despertada por aquelas repletas de episódios dos mais interessantes, a ponto de fazer com que a missão de selecionar apenas uma se torne algo dificílimo.Acabamos por optar pela história que aborda de forma completa o tema proposto: “Arigatai!!!”

A autora, Edna Hiromi Ogihara Cardoso, retrata com propriedade como a sua vida esteve conectada às coisas do Japão desde a infância: culinária, língua, mangá, revistas importadas, artes, eventos da comunidade nikkei. Atualmente, Edna compartilha com sua jovem filha a rica herança que lhes foi transmitida e junto com a família, todos dão graças por tudo! Arigatai!!!

 

© 2023

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Sobre esta serie

Nuestro tema para la 12.° edición de Crónicas Nikkei —Creciendo como Nikkei: Conectando con nuestra Herencia— pidió a los participantes que reflexionaran sobre diversas preguntas, tales como: ¿a qué tipo de eventos de la comunidad nikkei has asistido?,¿qué tipo de historias de infancia tienes sobre la comida nikkei?, ¿cómo aprendiste japonés cuando eras niño?

Descubra a los Nikkei aceptó artículos desde junio a octubre del 2023 y la votaciónde las historias favoritas cerró el 30 de noviembre del 2023. Hemos recibido 14 historias (7 en inglés, 3 en español, 5 en portugués y 0 en japonés), provenientes de Brasil, Perú y los Estados Unidos, con uno presentado en varios idiomas.

¡Muchas gracias a todos los que enviaron sus historias para la serie Creciendo como Nikkei!

Hemos pedido a nuestro comité editorial que seleccionara sus historias favoritas. Nuestra comunidad Nima-kai también votó por las historias que disfrutaron. ¡Aquí están sus elegidas!

(*Las traducciones de las historias elegidas están actualmente en proceso.)

La Favorita del Comité Editorial

 
La elegida por Nima-Kai:

Para saber más sobre este proyecto de escritura >>


* Esta serie es presentado en asociación con: 

     

 

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Acerca del Autor

Nació en el interior del Estado de São Paulo. Casada, con una hija. Graduada de la FAUUSP [Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de San Pablo]. Trabaja como profesora voluntaria de artesanías. Su pasatiempo es la acuarela y escribe cuando está inspirada.

Última actualización en octubre de 2020

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