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https://www.discovernikkei.org/es/journal/2023/11/3/albuquerque-childhood/

Una infancia en Albuquerque

Edna Ikeda y su hermano menor Michael en su patio en Albuquerque en junio de 1966.

Crecí en Albuquerque, Nuevo México, durante la década de 1960. Mis padres habían crecido en Hawái,  confiados en su herencia japonesa americana. No tenía ninguna duda de que yo era japonesa americana, pero rara vez veía gente fuera de mi familia que se pareciera a mí. Durante mi temprana infancia, mi comunidad nikkei estaba formada por mis padres, mi hermano menor y algunas personas más.

Éramos la única familia asiática en nuestro vecindario de complejos multifamiliares, rodeados de blancos o latinos de clase trabajadora. Yo era la única estudiante japonesa en mi escuela primaria, hasta que mi hermano menor, Michael, comenzó la escuela tres años después. En la secundaria, había algunos otros asiáticos en mis clases, pero eran principalmente chinos.

Cuando iba a la escuela, siempre recibía preguntas extrañas de mis compañeros sobre cómo vivía mi familia. ¿Nos sentábamos en el suelo y comíamos en una mesa baja? ¿Usábamos kimonos en casa? ¿Dormíamos en camas sobre el suelo? ¿Comíamos con palillos? La respuesta a todas esas preguntas era no, excepto por la última sobre los palillos. Pero, mayormente, comíamos más con tenedores que con palillos.

Mi lugar de nacimiento fue Fort Benning, Georgia (ahora llamado Fort Moore). Fue donde mi papá, ranger del ejército, conoció y se casó con mi mamá, una enfermera del ejército. Mi papá dejó el ejército cuando yo tenía solo año y medio. Mis padres dejaron Georgia y visitaron a la familia en Hawái.

Mi papá se dirigió a la escuela de posgrado en Eugene, Oregón. Hizo una parada en Albuquerque para visitar a su hermano mayor, quienasistía a la escuela de posgrado del lugar. Le agradó el asesor académico de su hermano y decidió cambiar de escuelas. Mi hermano, Michael, nació en Albuquerque.

Mi mamá era una excelente cocinera y preparaba principalmente comida estadounidense. Recuerdo que ella hacía muchos guisos, pero podía cocinar u hornear cualquier cosa. Comíamos bastante carne molida, ya que era la carne menos costosa. Para la cena, en lugar de pan, comíamos arroz japonés. A veces, en lugar de sal, usábamos shoyu.

No era fácil conseguir productos de origen japonés. En aquel entonces, los supermercados no tenían una sección de alimentos asiáticos. Así que, unas dos veces al año, mis padres manejaban hastael otro lado de la ciudad para llegar a un pequeño mercado japonés. Mi mamá compraba un gran contenedor de metal con shoyu, una bolsa grande de arroz japonés, además de encurtidos japoneses, miso o cualquier otra cosa que necesitara.

Siempre teníamos comida japonesa para celebrar mi cena de cumpleaños en Año Nuevo. Mi mamá preparaba rollos de sushi, tempura de camarones y verduras, y teriyaki de carne. Nuestros familiares estaban lejos en Hawái, así que nuestros invitados eran el tío Miles, la tía Mary y sus hijas gemelas, Audrey y Mary Elizabeth. También, la hermana del tío Miles, la tía Lois, y su esposo el tío John. Ellos eran originalmente de Iowa y no eran parientes de sangre, sino “familia” adoptada. Nosotros íbamos a sus casas para el Día de Acción de Gracias y Navidad.    

Alrededor de una o dos veces al año, mis padres visitaban a otra familia japonesa en la ciudad. Su apellido era Nakayama. Tenían una hija de mi edad llamada Nancy. Nancy tenía un hermano menor de la misma edad que mi hermano. Me divertía mucho hablando y riendo con Nancy. Deseaba que ella viviera más cerca, para poder vernos con más frecuencia.

La única otra ocasión en que veíamos a personas japonesas era en la guardería y tienda de regalos de japoneses. A veces, mis padres iban allí para comprar plantas, pero a mí me encantaba especialmente la tienda de regalos. Tenían pequeñas muñecas japonesas y adornos que me encantaba mirar. Mis padres generalmente nos dejaban a mi hermano y a mí comprar algo en la tienda de regalos.

Nos mudamos a California justo antes de que supuestamente yo comenzara el noveno grado. Mi papá aceptó un trabajo como profesor universitario en Imperial Valley, en el campus de San Diego State en Calexico. Fue difícil para mí dejar el lugar donde crecí. Me decepcionó descubrir que yo sería una simple estudiante de primer año en la preparatoria (en lugar de una estudiante de noveno grado de mayor categoría en la escuela intermedia).

Supuse que mudarme a California significaría playas, palmeras y un clima suave. En lugar de eso, nos mudamos a una comunidad agrícola en el desierto en pleno verano (¡100 grados o más!) que se sentía como una explosión de horno. Hacía tanto calor ese verano, que los grillos migraban de los campos y morían en las aceras. A dondequiera que fuéramos en la ciudad, era imposible no pisar grillos muertos. Pensé: “¡¿Qué es este lugar?!”.

Nuestra familia también visitó a parientes en Hawái por primera vez desde que yo era un bebé. ¡Ver a tantos asiáticos fue una experiencia increíble! Recuerdo estar en el concurrido centro comercial Ala Moana en Honolulu y maravillarme ante el mar de asiáticos moviéndose en todas direcciones. Pensé: “¡Estas personas se parecen a mí!”.

En Imperial Valley, existía una pequeña comunidad japonesa, aunque estaba dispersa en varios pueblos pequeños. Incluso tuve algunas clases en las que había otro estudiante japonés estadounidense. Asistí a mi primera elaboración de mochi en la granja de un amigode la familia. Ellos estaban usando una máquina en lugar de machacar la masa. Había eventos japoneses como Keiro Kei (para honrar a la primera generación issei), un picnic comunitario o una excursión para ver flores en el desierto. En el picnic, la gente extendía tapetes en el suelo y sacaba almuerzos bento o platillos para compartir.

Asistí a la escuela secundaria y la universidad comunitaria en Imperial Valley antes de ir a Riverside para terminar la universidad. Viví en San Diego y Los Ángeles. Después de la jubilación de mi papá, mis padres se mudaron a Chula Vista, cerca de San Diego. En el camino, trabajé en temas de indemnización y reparaciones, fui a mi primer obon y asistí a programas en Little Tokyo. Me casé con un músico sansei y tuvimos un hijo. Enviudé.

Ahora soy jubilada, soy miembro activo en mi templo budista y aún asisto a programas en Little Tokyo. Finalmente, pude visitar Japón en el 2016, el mismo año en que mi hijo hizo allí un semestre de study abroad [programa de estudios en el extranjero]. Siento que he conectado con mi herencia nikkei, aunque me ha llevado toda mi vida volver al punto de partida.

En cuanto a mi hijo, él parece sentirse muy cómodo siendo asiático-americano. Creció en Los Ángeles, asistió a la Universidad de California en Berkeley y actualmente vive en el Área de la Bahía, todos son lugares con una gran población asiática. Espero que, si él tiene hijos, ellos también se sientan cómodos con su identidad. 
 

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Nuestro Comité Editorial seleccionó este artículo como una de sus historias favoritas de serie Creciendo como Nikkei en inglés. Aquí está su comentario.

Comentario de Alden M. Hayashi 

Los artículos de Creciendo como Nikkei estaban todos tan bellamente escritos, llenos de recuerdos conmovedores y sinceros, algunos hermosos y dulces, otros conmovedores y dolorosos. De los artículos en inglés, mi favorito personal fue “Una infancia en Albuquerque” de Edna Horiuchi. Este artículo realmente resonó conmigo porque mis padres, al igual que los padres de Edna, habían crecido en Hawái, excepto que mis padres permanecieron allí para formar una familia, mientras que los padres de Edna se mudaron a los Estados Unidos continental. Así que no pude evitar leer su reflexivo y evocador artículo sin preguntarme cuán diferente habría sido mi vida si, por alguna razón, mis padres también se hubieran mudado al territorio continental.

Edna proporciona abundantes detalles de esa otra vida lejos de Hawái: ser la única estudiante nikkei en su escuela primaria (hasta la llegada de su hermano menor); recibir preguntas molestas de compañeros de clase (¿dormía en el suelo y comía en una mesa baja?); tener que conducir al otro lado de la ciudad para llegar a una pequeña tienda japonesa y abastecerse de shoyu, miso y otros alimentos; y celebrar oshogatsu con “parientes adoptados”. Me conmovió especialmente el recuerdo de su visita a Ala Moana Center durante el viaje de su familia a Honolulu. Allí se maravilló ante la multitud de otros asiáticos que hacían sus compras en el concurrido centro comercial al aire libre. Yo podría haber sido uno de los muchos asiáticos allí, y la escritura lúcida y vívida de Edna me hizo sentir lo que hubiera sido verme a mí mismo ese día, pero desde un par de ojos muy diferentes. 

 

© 2023 Edna Horiuchi

Albuquerque Estados Unidos identidad infancia Nuevo México
Sobre esta serie

Nuestro tema para la 12.° edición de Crónicas Nikkei —Creciendo como Nikkei: Conectando con nuestra Herencia— pidió a los participantes que reflexionaran sobre diversas preguntas, tales como: ¿a qué tipo de eventos de la comunidad nikkei has asistido?,¿qué tipo de historias de infancia tienes sobre la comida nikkei?, ¿cómo aprendiste japonés cuando eras niño?

Descubra a los Nikkei aceptó artículos desde junio a octubre del 2023 y la votaciónde las historias favoritas cerró el 30 de noviembre del 2023. Hemos recibido 14 historias (7 en inglés, 3 en español, 5 en portugués y 0 en japonés), provenientes de Brasil, Perú y los Estados Unidos, con uno presentado en varios idiomas.

¡Muchas gracias a todos los que enviaron sus historias para la serie Creciendo como Nikkei!

Hemos pedido a nuestro comité editorial que seleccionara sus historias favoritas. Nuestra comunidad Nima-kai también votó por las historias que disfrutaron. ¡Aquí están sus elegidas!

(*Las traducciones de las historias elegidas están actualmente en proceso.)

La Favorita del Comité Editorial

 
La elegida por Nima-Kai:

Para saber más sobre este proyecto de escritura >>


* Esta serie es presentado en asociación con: 

     

 

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Acerca del Autor

Edna Horiuchi es profesora jubilada de Los Ángeles. Edna es voluntaria en el jardín de enseñanza de Florence Nishida en el sur de Los Ángeles y es miembro activo en el Templo Budista Senshin. Edna disfruta leer, hacer tai chi e ir a la ópera.

Última actualización en junio de 2023

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