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Alberto Izu: la enciclopedia humana

Hay amistades que simplemente uno al conversar tiende a ver en ellas una especie de “Enciclopedia Humana”. Y lo curioso fue que el Coronavirus en su larga trayectoria nos enseñó el cambio tan repentino que tuvimos que hacer en nuestras vidas. Yo, particularmente, experimenté que, siendo “El Rincón de los Pájaros Muertos”,el lugar que con más frecuencia visité fue el AELU, por la cercanía a la puerta de ingreso por la avenida La Mar. Fue el centro de mis nuevas amistades. Y ahí, entre tazas de café, chocolate o jugo de naranja, tarde a tarde, los nuevos amigos nos íbamos conociendo.

Alberto Izu y Luis Iguchi en el AELU. Foto para el recuerdo.

Alberto Izu Izu, ‘Rabito’, como lo conocen todas sus amistades del AELU, fue la tentación de verlo llegar y conocerlo en persona, con 85 años cumplidos este 16 de abril último. Me sorprendió en nuestra primera conversación que la historia deportiva del AELU tiene en su persona a un digno representante, cual si esto fuera. ‘Rabito’ es la “Enciclopedia Deportiva” por todos los conocimientos que uno se entera al conversar con él.

En el siguiente encuentro que tuvimos se extendió la conversación puramente en nuestra niñez, juventud y pasó por los años que tuvimos que dedicarnos al trabajo. Y digo “tuvimos” por las cercanías paralelas de nuestras historias de vida.

Ver la luz de la existencia en los Barrios Altos de Lima y estudiar sus pocos años en el Colegio Japonés Jardín Gakuen hasta el cuarto año de primaria, para luego dedicarse al trabajo teniendo la maravilla de ser un chico “palomilla” que se sumerge en el deporte, especialmente en el atletismo, siendo sus favoritas las carreras de velocidad. ‘Rabito’ empezó su vida deportiva en el Club Mayorista, participando en los Undokai de los años 1954 y 1955. En 1956, defendió los colores del Santa Beatriz y, al año siguiente, volvió al Club Mayorista. Para 1958, pasó al Club Motobu y ahí terminó su carrera en el atletismo.

Alberto Izu Izu lleva en sus venas el correr de su vida deportiva. Paralelamente al atletismo, su otra pasión es el fútbol, que domina y, en sus comienzos, estuvo en el Club del Mercado Mayorista, allá por 1953, año en el que nace el Estadio La Unión, AELU, y terminó guardando sus chimpunes en los años sesenta, jugando por el Club Sakura.

Hoy, verlo en uniforme deportivo, es presagiar que los años no pasan para él, y sobre todo por la mente, lo que se nota en el juego de palabras que en cada instante él acoge y nos traslada con un recuerdo. Este domingo que pasó lo viví en carne propia. “Los Caminantes” del AELU y APJ se guiaban de sus palabras, sus comentarios y los ejercicios que teníamos que realizar antes de iniciar la marcha en el Circuito de Playas y terminarlo en la histórica y hermosa Playa La Herradura.

Okinawa, año 2001. Hermanos Izu: (De izquierda a derecha) Yitoku, Yisei, Sadako y Alberto.

“Un grito de auxilio” es el título de un artículo del diario La Industria, de la ciudad de Trujillo, con fecha “miércoles, 26 de mayo de 1999”. Por esos años, Alberto Izu Izu trabajaba en la ciudad de la eterna primavera y, como su nombre era conocido en el deporte nacional, lo nombraron “Presidente de la Comisión Reorganizadora de la Liga de Atletismo de la ciudad de Trujillo”. Alberto Izu tenía ambiciosos planes, pero necesitaba un líder que dirija al deporte base. ¿Un atleta nace o se hace?

Según sus palabras, “el atleta nace, las condiciones físicas y el talento son innatos. El técnico, de acuerdo a sus aptitudes, lo prepara para determinadas pruebas. Evalúa el biotipo del deportista y lo prepara para las pruebas de pista (velocidad, medio fondo y fondo) y pruebas de campo (lanzamientos, salto, etc.). Las condiciones físicas son importantes. Por ejemplo, un saltador debe ser alto, espigado (extremidades inferiores y superiores largas). Un velocista debe tener mucha potencia, fuerza. Por eso los mejores lanzadores olímpicos también son buenos en 100 metros planos y deben tener un buen volumen muscular”.

Los conocimientos de Alberto Izu en los acontecimientos del deporte nikkei

Alberto y Tatiana Ángulo Yarita, MIss Peru. Campeona en Salto Alto en los Undokay.

¿Desde cuándo se realizan los undokai en el Perú?

“Antes de 1945, los issei los organizaban en el Colegio Lima Nikko, después de 1945 cada colegio nikkei organizaba su propio undokai, invitando a participar a diferentes instituciones. En 1948, cuando estudiaba en el Colegio Jardín Gakuen, participé en los undokai del Minato Gakuen y del Colegio José Gálvez, compitiendo en postas”.

“En 1955, ostentaba el título de los clásicos Cien Metros Planos José Watanabe. En 1956, logré campeonar en los clásicos 100 metros planos hasta 1960, año en el que aparece Juan Hasegawa. En 1979 fui campeón en mi categoría de los 100 metros planos en Argentina a los 42 años.

El béisbol fue otro de mis deportes favoritos y jugaba por el Club Kyuyu por los años sesenta. Llegué a ser árbitro y lo hice en una oportunidad en Japón. El vóley masculino fue otro de mis deportes favoritos y jugaba por el Club Mariscal Castilla de La Victoria, por los años ochenta. Otro de mis deportes fueron Las Bochas en el Casino de La Victoria por el año 1981.

En resumen, mi vida deportiva fueron el atletismo, el fútbol, el béisbol, el vóley y las bochas. Hoy, mi nueva inquietud vuelve a ser el atletismo. Con los ‘deportistas de la Tercera Edad’, los caminantes del AELU y del APJ”.

Sentir que la edad no tiene sentido en el deporte es uno de los principios que noto en el vivir de Alberto Izu. El ánimo en su diario trajinar me invita a participar en mi modesta caminata y hacer de aquella inquietud, el generoso despertar de una vida que, poco a poco, nos va prolongando a los noventa años. Conversar y tenerlo de compañía me hace sentir que la vida es una especie de distinguida carrera en una meta en donde siempre veo el entusiasmo de la llegada.

Siempre nos decían que en el fútbol el arquero era el puesto que nadie quería. Patear a la carrera y correr tras el balón era la consigna de todo aquel que fuera bueno con la pelota. Yo, la verdad, custodiaba el arco porque era malo con los pies, solo me valía de las manos y tener el arco para mí.

Alberto ‘Rabito’ Izu también tenía la prueba de custodiar el arco cuando de jugar al fútbol se trataba. En su caso fue por los zapatos. Su padre lo castigaba cada vez que lo veía patear la pelota y ‘Rabito’ se acostumbró a dejar los zapatos y hacer de ellos el arco para jugar. Tenía nueve años y era la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando la crisis económica brotaba de forma total.

Hoy, recordar la década de los años cuarenta, cuando nuestra infancia surgía de la nada, hace que mi mente sienta que fueron los mejores años de nuestra vida. No tener ningún juguete era un sentimiento ajeno. La calle era la pasión de nuestra vida, ahí nos pasábamos el día con simples juegos que nos deleitaban hasta el cansancio. El lingo, el juego del mundo, la pega, el palito chino, el run run, el trompo, el juego con las películas del cine y, sobre todo, la tranquilidad de las pistas y veredas. Las casas de los amigos eran como nuestras casas y el agua que tomábamos era el sentimiento de una madre que siempre nos extendía la mano.

Hoy, en el refugio del AELU, con nuestra generación que tiende a llegar a los noventa años, los recuerdos de nuestra infancia se vuelven historias de pasajes sentimentales en las voces de Alberto Izu, Justo Kanashiro, Augusto Yamashita, ‘Kachin’, Jorge Aoki, ‘Mabo’, Eduardo Oka y muchos amigos más a los que considero como tales: enciclopedias del recuerdo.

Alberto Izu y dirigentes de la colonia japonesa del Perú.

 

© 2022 Luis Izu Izu

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