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Los primeros nisei y Okinawa

Primeros Nisei, de mi Ojichan

Este articulo lo escribo en memoria y reconocimiento a todos los nisei que tuvieron que viajar desde muy pequeños, hace más de 80 años a Okinawa. Recordar toda la travesía por las que tuvieron que pasar, muchas veces una vida triste, lejos de sus padres y hermanos, pero una generación que salió adelante y que desde su nueva morada nunca olvidaron el Perú.

Transcurría la década de los años treinta, habían pasado más de 25 años desde la llegada de los primeros inmigrantes okinawenses al Perú y, si bien es cierto algunos llegaron a regresarse y otros fallecieron producto de las ínfimas condiciones en que vivieron, muchos lograron formar sus familias, salir adelante y progresar. En esa década, ya algunos tenían sus pequeñas chacritas, otros inclusive habían migrado a la ciudad y tenían un pequeño negocio.

En general, ya tenían un ahorro que les permitía no solamente pensar en sobrevivir, sino en cuál sería el futuro de sus hijos, la mayoría estaban aún en edad escolar, ya existían pequeñas escuelas en donde se impartía la enseñanza japonesa, sin embargo, muchos pensaron que lo mejor era enviarlos al Japón a que recibieran la mejor educación posible.

Agregado a ello, también existieron muchos casos en esa época en que la madre, al dar a luz en la casa en manos de una comadrona, fallecía por falta de una atención médica adecuada y dejaban muchos hijos en manos del padre, quien tenía que trabajar y no estaba en capacidad de cuidarlos. Es entonces cuando pensaron en enviar a sus hijos a Japón para que sus familiares los cuiden. Esto sucedió en esa época, pero el caso de los okinawenses fue especial porque cuando los niños llegaron a Okinawa a finales de los treinta se encontraron que la guerra había empezado y ya no era posible regresar al país que los vio nacer.

Me cuentan algunos de los nisei que ahora viven en Okinawa que cuando llegaron sintieron el impacto de una cultura diferente, a pesar de que sabían algo de japonés y ser hijos de japoneses, definitivamente eran coyunturas totalmente diferentes.

Uno de ellos me contó que el primer día de escuela decidió ir de igual forma como lo hacía cuando iba al colegio en Perú, con sus zapatos de cuero y su maleta de cuero con algunos lápices y útiles. Al llegar al colegio se dio con la sorpresa de que todos andaban sin zapatos y que nadie usaba maleta, sino que usaban furoshiki (envolvían sus útiles en un pañolón de tela). Los chicos se burlaban de él, por suerte encontró otro nisei peruano en la misma situación y entre ellos se acompañaban.

Al parecer estos nisei que llegaron a Okinawa, y seguramente al igual que en todo Japón, tenían una buena formación escolar comparada con la de Okinawa, pues investigando la mayoría continuaron sus estudios secundarios (en esa época no era común seguir la secundaria) y en los mejores colegios secundarios de Okinawa. Al tener que estudiar en estas buenas escuelas, que eran pocas, muchos tenían que caminar horas para llegar a su centro de estudios. Años después, ese esfuerzo daría sus frutos.

Lamentablemente empezó la guerra y muchos de estos niños, algunos ya adolescentes, se enrolaron en los ejércitos de voluntarios adolescentes llamados “Hierro y Sangre” (鉄血勤皇隊). Su función era la de llevar las comunicaciones entre el comando de campaña y el frente de batalla. Asimismo, llevaban los pertrechos de guerra y municiones que necesitaban los soldados al frente. Todos estos chicos fueron reclutados de estos colegios secundarios insignia, pues al estar mejor organizados también les habían dado una formación militar. En estos colegios se encontraban muchísimos nisei estudiando y ahora formando parte de este escuadrón. Fueron aproximadamente 1,780, pero murieron en cumplimiento de su deber más de 800 adolescentes. La peor parte se la llevaron los nisei que ya eran mayores y tuvieron que combatir como soldados en el frente en donde las posibilidades de sobrevivir eran mínimas.

Ejército de Jóvenes Hierro y Sangre (鉄血勤皇隊)

Terminó la guerra y muchos de estos niños continuaron su vida, muchos de ellos, luego de esta traumática experiencia, sumada a la extrema pobreza que se vivía en Okinawa, querían regresar con sus padres, pero de acuerdo al país surgieron situaciones diferentes. En el caso de Argentina, el presidente Domingo Perón, al enterarse que había niños descendientes de japoneses, pero nacidos en Argentina y que habían quedado atrapados por la guerra, lo primero que hizo fue mandar un avión hasta Japón a recogerlos y traerlos de vuelta.

Algo diferente pasó en Perú, donde el gobierno, a pesar de haber terminado la guerra, prohibió durante varios años el reingreso de japoneses al país. Los nisei, a pesar de ser peruanos de nacimiento, eran considerados ciudadanos japoneses y no se les permitió regresar. Algunos tuvieron que viajar a otros países como Argentina, Brasil y Bolivia intentando ingresar al Perú atravesando la frontera por tierra. Otra parte de ellos nunca llegó a la frontera y se terminaron quedando en estos países.

En el Perú, recién en la década de los cincuenta es que empiezan a regresar los nisei peruanos de nacimiento, pero con la educación japonesa, ya adultos, vuelven al país y se convierten en una generación a la que llamábamos “Kirai Nisei” (帰来二世) “Ki” de retorno y “Rai” de venida, es decir, nisei que se fueron y retornaron. Esta generación sería la que en la década de los setenta y ochenta reemplazarían en los cargos dirigenciales a los presidentes issei (japoneses de primera generación), pues eran nisei, pero al haber recibido la educación japonesa, entendían mejor el pensamiento de los dirigentes issei.

A pesar de que cientos de estos niños ahora jóvenes y adultos pudieron regresar y reencontrase con sus familias, miles de ellos no pudieron hacerlo, o bien porque murieron en la guerra o simplemente porque no tenían los recursos para lograrlo. Recuerdo el relato de una tía en Okinawa que me contaba de su prima nacida en Perú, pero que fue llevada de pequeña a Okinawa. Ella siempre soñaba con retornar al Perú algún día, pues sus padres y hermanos estaban allá, lo triste es que falleció joven sin cumplir su sueño de regresar y reencontrarse con su familia.

Los nisei que no regresaron y se quedaron en Okinawa siguieron su vida y, como lo mencioné antes, la mayoría de ellos fueron alumnos muy aplicados y egresaron de las mejores escuelas secundarias de Okinawa. Ello aseguró que muchos empezaran a trabajar como funcionarios públicos o como empleados de empresas. En el futuro, gracias a su buena formación, se convertirían en autoridades y grandes empresarios.

Esto podría explicar por qué muchos dirigentes okinawenses en Perú lograron conseguir muchas donaciones de Okinawa, pues todos estos nisei que se encontraban en puestos estratégicos, tanto en el gobierno como en las empresas, pusieron sus buenos oficios e influencias y nos ayudaron a poder obtener importantes donaciones en favor de las instituciones okinawenses.

Muchos nisei se quedaron en Okinawa, pero nunca olvidaron el Perú. Ellos formaron la Asociación OKINAWA PERU KYOKAI (沖縄ペルー協会) y todos los 28 de julio (hasta ahora) se reúnen para celebrar las Fiestas Patrias, la mayoría de ellos han olvidado el español, pero no han perdido su amor por el Perú y el recuerdo de su padres y familiares que dejaron en la tierra que los vio nacer.

Okinawa Peru Kyokai, obtenida del hijo de Koki Miyahira quien fuera presidente fundador de Nishihara Chojinkai en Peru, Presidente de Okinawa Kenjinkai y miembro de Peru Okinawa Kyokai.

 

© 2022 Fernando Nakasone

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