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Kizuna: Historias Nikkeis del terremoto y tsunami de Japón

Puede convertirse en un ejemplo para el mundo - Parte 2

Parte 1 >>

Electricidad

Si Japón empieza a crear programas para que su población empiece una transición hacia la vida comunitaria cercana, real, donde el individuo sea lo más importante, bajando su dependencia en la electricidad, se convertirá en ejemplo para el resto del mundo.

Este ejemplo es necesario porque la época crítica para nuestra [supuesta] civilización ya empezó –sin ser alarmista- y estamos viviéndola de hace décadas sin saberlo.

La nuestra es una civilización basada en el consumo desmedido de energía que se produce a partir del petróleo; preferimos nuestro confort a dejar de contaminar nuestro medio y por ello creamos modas para acallar preocupaciones y a algunas voces que dan alerta sobre lo que sucedió, lo que está pasando y lo que se nos vendrá, inevitablemente, encima.

Hoy, los medios nos presentan al calentamiento global como un problema para resolver en conjunto pero hay facciones que demuestran que es un calentamiento normal dentro de los ciclos de cambio natural que posee el planeta; la vida eco-sostenible es otra moda como el reciclaje o el reciclaje inclusivo (sustento de grupos y comunidades a través de la recolección y/o proceso de desechos que producen las grandes ciudades) y como los autos eléctricos que están de moda entre muchos activistas conservacionistas (pero que no pueden vivir sin electricidad generada por petróleo o radiactividad).

Todas estas modas, ni vanidosas ni ecológicas, podrían existir sin la electricidad generada por gas, carbón o petróleo como por centrales nucleares, hidroeléctricas -en menor porcentaje- y fuentes renovables en mínima parte.

Todos dependemos de la electricidad… ¿qué haríamos un mes sin electricidad cuando un par de horas sin ésta nos obliga a parar todas nuestras actividades? ¿Y qué haríamos sin suficiente petróleo para movilizar millones de vehículos terrestres, aéreos y marítimos que dependen enteramente de su extracción?

Por el momento intentemos vivir sin desperdicio y compartiendo, tal como hacen muchas ciudades alrededor de las afectadas en Japón, apagando sus interruptores y aparatos. No esperemos que un terremoto nos obligue a no depender de la electricidad para “existir”.

Más energía

Mientras más necesitemos, más dependeremos de ella para sustentar nuestros modos de vida, más contaminaremos y el círculo vicioso apretará con más fuerza.

El desastre nuclear de Fukushima nos dice que la humanidad no está preparada para este tipo de energía (nuclear). Los estándares no fueron suficientes y, para reforzarlos de forma legal y física y construir centrales nuevas más resistentes, se necesitará gran cantidad de energía, tanta o más de la que producen las centrales actuales.

El gasto de energía para disponer de los desechos radiactivos también es inmenso: para fabricar los materiales para estos depósitos y los depósitos mismos además del traslado de alta seguridad, se necesita muchísima energía en forma de combustibles, electricidad y materiales producidos con éstos entre docenas de factores adicionales sin contar la contaminación que cada proceso genera.

Dicen que el balance entre la energía producida por una central nuclear es similar a la energía que gasta desde su construcción hasta su desmantelamiento pasando por su mantenimiento hasta la disposición de sus desechos.

Es por ello que esta es una gran oportunidad para que el pueblo japonés redescubra su esencia, más fácil para ellos ya que la filosofía budista ayuda muchísimo sumada a la conciencia de comunidad arraigada en sus mentes y deje de lado el consumismo y la vanidad en forma de marcas, apariencia y objetos nuevos cambiados antes de ser “obsoletos” debido a la moda.

Si toma esta decisión, la de virar su consumo energético a uno realmente armónico con la naturaleza (poco a poco a través de los años pero de forma efectiva) y bajando el consumo de objetos y confort, se convertirá en el ejemplo que muchas sociedades alrededor del mundo seguirán para su propia transición.

Armonía

Respecto a la vida, se trata de devolver más de lo que consumimos. La devolución va en muchos sentidos: comunitario, a la naturaleza, a uno mismo en forma de experiencia y conocimientos.

La armonía se rompe cuando tomamos más de lo que damos y ni una buena lección queda. Así está la humanidad hoy, depredándose a sí misma porque contamina su aire, tierra y agua y se deja dominar por el ego.

No estamos viviendo en armonía con nuestro medio porque no estamos armónicos con nosotros mismos como sociedad ni como individuos. Aquí es donde vale mucho la filosofía budista que dice que el cambio empieza en el interior de cada uno y, así, el cambio se irradiará y todo cambiará a nuestro rededor (no soy budista pero lo bueno es para todos, basta reconocerlo y hacerlo propio).

Entonces, esta es una oportunidad de cambio para la tierra de mis ancestros, de marcar, nuevamente, una tendencia global, esta vez hacia la convivencia armoniosa entre humanos y con el planeta que nos alimenta y nos acoge.

Las oportunidades llegan y si no se toman, no regresan, pero si se toman y se aprovechan para bien común, vienen muchas oportunidades más.

Esperemos… deseemos que este desastre producido por 2 dragones (fuego y agua) produzca más que leyes y comunidades físicamente sobreseguras, que no recargue burocracias con planes y más planes para emergencias como tampoco con estantes llenos de productos “por si acaso” en millones de hogares donde el único resultado plausible sería la paranoia de vivir en inseguridad “por culpa” de los desastres naturales.

Esa paranoia ya la tenemos bien anclada en nuestras mentes occidentales porque creemos que sin cosas (supuesta prevención) vamos a estar inseguros… si el cambio comienza por dentro, la seguridad la vamos a encontrar porque ya está dentro de nosotros; si dejamos que los factores externos nos indiquen qué hacer, la desesperación ganará, si mantenemos la tranquilidad en toda situación, nos sobrepondremos y –como comunidad- saldremos adelante, siempre.

De esta forma, el cambio está ya dentro del pueblo japonés –en cada uno de sus individuos- para irradiar al mundo entero una nueva forma de concebir y respetar la vida de la que todos somos parte (no dueños).

© 2011 Victor Nishio Yasuoka

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Sobre esta serie

En japonés, “kizuna” significa fuertes lazos emocionales.

Estas series comparten las reacciones y perspectivas de los Nikkeis tanto en forma individual y/o comunal en el Gran Terremoto de Tohoku Kanto ocurrido el 11 de marzo de 2011 y el tsunami como también otros impactos- esfuerzos de colaboración o cómo afectó lo sucedido y sus sentimientos hacia el Japón.

Si quieres compartir tus experiencias, ver la página de instrucciones para enviar un artículo. Recibimos artículos en inglés, japonés, español y/o portugués. Estamos buscando diferentes historias alrededor del mundo.

Creemos que estas historias brindan consuelo a las víctimas en Japón y en el mundo, y esto resulta ser una cápsula de tiempo de reacciones y perspectivas de nuestra comunidad Nima-kai en el futuro.

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