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Marisa Matsuda: Moldeando sus ideales

Su vida ha transcurrido entre el arte y el deporte de alta competencia, con notorias pausas que le ha dedicado a ese otro oficio exigente que es ser mamá. Marisa Matsuda Matayoshi estudió diseño industrial en la Pontificia Universidad Católica del Perú y desde que estuvo en el colegio La Unión se hizo aficionada al sóftbol, un deporte del que no se aleja, luego de haber competido a nivel profesional y haber representado a la selección nacional.

Después de ser jugadora continuó en la Federación Deportiva Peruana de Softbol (FDPS) como dirigente, logrando desarrollar un deporte que ha crecido mucho en los últimos años, incluyendo su participación en los Juegos Panamericanos Lima 2019. En su estudio, entre bates y pelotas, Marisa guarda otro de sus grandes intereses: la cerámica, que la llevó a estudiar este arte en Japón.

“Creo que el interés por la cerámica viene de mi mamá. Cuando tenía seis años, viajamos a Okinawa y lo que más recuerdo es la tierra roja, las visitas a talleres y tiendas de cerámica”, ha dicho en una entrevista. Su formación universitaria se complementó con los talleres particulares de Nanay Valdivia, una de sus profesoras, y posteriormente obtuvo una beca en la Universidad de Arte de Okinawa. En 2004, luego de haber pasado por los talleres de MOA y de Haide San Martín, empezó su taller propio.

Otras artes culinarias

“Empecé a hacer cerámica como un pasatiempo que resultaba un tanto rentable”, cuenta Marisa, quien recuerda que su esposo estaba iniciando el proyecto de armar un restaurante japonés y que ella se sumó para diseñar la vajilla. Fue entonces que empezaron a llegar los pedidos de recipientes para shoyu, bowls de ramen, teteras, platos de sushi y otras vasijas que hace aplicando la técnica japonesa del nerikomi, que consiste en pintar la tierra antes de modelarla o llevarla al torno.

Las teteras son algunos de los productos que ha creado en su taller, con el que va a lanzar pronto su nuevo catálogo. Crédito: Erika Kitsuta.

Ahora atiende restaurantes de todo tipo, incluidas las tan populares cebicherías peruanas, y también hace tazas grandes, o mugs, y hasta unas novedosas vasijas para colocar incienso y espantar a los zancudos en verano. “En los restaurantes vemos la decoración, los colores de las mesas y lo trabajamos junto a los dueños. Son piezas artesanales que llevan mi firma”, cuenta Marisa en su estudio, acompañada de trofeos de softbol.

Cuando abrió su taller trabajaba sola, ahora tiene un operario y uno eventual según los pedidos. Sigue siendo un lugar pequeño, pero durante la pandemia se pudo dedicar más a la cerámica debido a que se suspendieron las actividades deportivas. Hoy, que el softbol la vuelve a sacar del lugar donde fabrica jarrones y otras piezas de gran volumen, recuerda una de las experiencias que la llevaron a mezclar sus dos pasiones.

Un arte deportivo

Algunas de las pelotas de softbol intervenidas para la exposición Arte & Softbol “Carreras 2020”. Crédito: Erika Kitsuta.

Marisa ha llevado a casa la oficina de la federación, donde además de documentos y otros recuerdos de la participación del equipo en el que ha participado hasta en su categoría de master (hasta los 44 años), guarda uno de sus recuerdos más preciados: una pelota de sóftbol de cerámica que ella misma ha sido pintado a mano. Es una de las piezas que se exhibieron en diciembre del año pasado, en la exposición Arte & Softbol “Carreras 2020”.

El evento fue organizado por la federación, con el apoyo de más de 25 artistas peruanos (entre ellos, Elliot Tupac, Marcelo Wong y los nikkei Haroldo Higa, Andrés Makishi, Daniela Matsuda, Diego Lau Toyosato, Junko Azama, Margarita Hishikawa y la propia Marisa) quienes intervinieron, de forma creativa, bates, pelotas y ‘homes’ en apoyo a este deporte con una exposición-venta que se realizó de forma virtual. El objetivo fue recaudar fondos para el desarrollo del softbol a nivel nacional, a través de escuelas descentralizadas para los niños de menor edad.

Softbol y cerámica son las dos pasiones que la mantienen planeando nuevos proyectos. Erika Kitsuta.

La pieza “Frida, yo voy a ti”, hecha en cerámica y acrílico, pintada con rotuladores, es una muestra de la forma en que Marisa moldea sus ideales, en la que está presente el desarrollo del softbol, la igualdad para las mujeres y crear nuevas oportunidades a través del deporte. “No hemos dejado de entrenar, los monitoreamos desde casa y hace poco ya han vuelto a las prácticas de forma presencial”. Una frase resume la pasión de Marisa: “No voy a poder dejar el softbol” añade, al tiempo que cuenta nuevos proyectos deportivos.

Proyectos combinados

Marisa Matsuda está iniciando una organización no gubernamental para desarrollar el softbol y dar apoyo a la federación peruana, al tiempo que prepara la nueva página web de su taller de cerámica. La exposición “Arte & Softbol” la devolvió al 2005, cuando hizo su última exposición individual. “El haber expuesto con amigos y al haber juntado deporte y arte en uno solo fue otro motivo para reinventarme aquí en el taller”, cuenta, mientras prepara jarrones y otras piezas para su nuevo catálogo.

Este reflejará su estilo nikkei, mezcla de motivos peruanos y técnica japonesa, empleando siempre la arcilla blanca teñida. “La mayoría de las piezas de nuestro taller son torneadas una a una”. Este año, Perú organizará el Mundial de Softbol Femenino U18 – WBSC, del 28 de agosto al 5 de setiembre, y Marisa va a estar presente no solo en la organización sino también con su querida exposición, que tendrá un espacio en el Complejo Deportivo de Villa María del Triunfo. Y todavía quedan muchos proyectos por moldear.

Facebook: Marisa Matsuda - Cerámica

 

Javier García Wong-Kit

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