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Kizuna 2020: Nikkei Kindness and Solidarity During the COVID-19 Pandemic

“Las cosas no deberían ser igual que antes de la pandemia porque significaría que no he aprendido nada”

Vacunación en el Perú (foto Agencia Andina).

Ya nos vamos por los dos años de pandemia y aquellas primeras semanas de confinamiento, cuando la gente aplaudía desde sus casas a los trabajadores de salud por su extraordinario trabajo e ingenuamente se decía que de esta nefasta experiencia saldríamos mejores personas, más unidos y solidarios, parecen tiempos de una vida anterior.

Hoy, con países ricos que acaparan vacunas mientras surge una nueva variante en África, millones de personas muertas y multitudes que rechazan las mascarillas o vacunarse a pesar de que salvan vidas, a nadie se le ocurre proclamar que vamos a salir mejores de esto.

¿Qué nos ha sucedido? La psicóloga Irene Yamada sostiene que al principio de la pandemia la mayoría de personas no era consciente de la gravedad de las cosas. Si hemos aprendido algo (o no) varía de acuerdo con la experiencia personal.

“Cada uno de nosotros ha vivido el aislamiento físico de diferentes maneras y va a depender de nuestra capacidad de adaptación, resiliencia y flexibilidad para salir ‘mejores’ de esta situación”, explica.

¿Factores de influencia? “Si nos hemos contagiado y qué tan grave fueron los síntomas, si perdimos a un ser querido, si nos quedamos sin trabajo, etc. Hay de las personas que lo han vivido como un encierro, como ‘estar en la cárcel’, me comentaban; en otros se agudizaron sus problemas emocionales, que antes de la pandemia los soportaban a través de las interacciones sociales o realizando actividades fuera de casa”.

En la orilla opuesta están aquellos que han logrado extraer oro de las profundidades. El confinamiento no ha equivalido a encarcelamiento. Todo lo contrario, “les ha ayudado a conocerse más, a potenciar o desarrollar algunos aspectos personales, a convivir y disfrutar de la compañía de la familia”.

Después de sobrevivir a una horrible segunda ola de coronavirus, la incidencia ha caído provisionalmente al mínimo en el Perú y mucha gente hace actualmente una vida que se podría calificar como normal (asiste a reuniones sociales, llena restaurantes, viaja, etc.). ¿Esa normalidad es engañosa o aparente en el sentido de que detrás de ella subyacería el dolor o el trauma por un familiar fallecido, la desesperada búsqueda de oxígeno o la pérdida de empleo? ¿Es posible que todo eso, tarde o temprano, nos pase factura?

La psicóloga nikkei considera que la conducta de estas personas “es una consecuencia del tiempo que hemos permanecido aislados físicamente, ya que somos seres sociales.Es necesaria la interacción, y en la cultura peruana el contacto físico (el saludo, un abrazo, conversar cara a cara, etc.) era algo cotidiano que nos ayudaba a sentirnos bien, a liberar la tensión y el estrés”.

“Otro aspecto es que muchos ya están cansados de permanecer en casa, en el mismo espacio, con la rutina que llega a ser monótona o la convivencia que está generando fricciones entre los miembros”, agrega.

Asimismo, hay personas que buscan “distractores”como medios para gestionar las dificultades.

En todo caso, sean unas razones u otras las que impulsen esta “normalidad”, la especialista advierte de las facturas que nos pueden caer encima si“nos vamos a los extremos, es decir me olvido de seguir los cuidados de bioseguridad o no consideramos la incertidumbre que trae la pandemia en diferentes áreas (personal, laboral, económica, social, etc.) y pienso que puedo seguir igual que lo hacía antes de la pandemia”.

“Las cosas no deberían ser igual que antes de la pandemia porque significaría que no he aprendido nada durante todo este tiempo”, enfatiza.

LOS NIKKEI Y EL VALOR DE LA COMUNIDAD

La psicóloga Irene Yamada resalta el sentido de comunidad de los nikkei peruanos (archivo personal).    

Una de las cosas que siempre se ha destacado de la comunidad nikkei en el Perú es su sólido espíritu de grupo, e Irene Yamada considera que esto se ha palpado durante la pandemia: “Uno de los muchos valores que admiro de los japoneses es el sentido de comunidad, la solidaridad, y que como nikkei nos lo han transmitido de forma natural nuestros ojiichan, obaachan, padres, y que forma parte de nuestro estilo de vida. Lo anterior lo vengo observando durante la pandemia, el pensar en el beneficio mutuo más que en lo individual”.

El sentido de comunidad ha trascendido las palabras o los buenos deseos para expresarse en hechos concretos. “Diferentes instituciones de la colectividad han buscado realizar diversas actividades para ayudar a los demás, desde colectas, emprendimientos donde se ofrecían diferentes productos hechos en casa, el apoyo en la salud a través de diferentes campañas, webinars de distintos temas, brindar cursos gratuitos, hasta actividades recreativas y culturales”, precisa la psicóloga.

Otro de los grandes activos de la comunidad nikkei es la confianza. En tiempos en los cuales había estafas en —por citar un caso— la adquisición de mascarillas cuando estas escaseaban al comienzo de la pandemia, confiar en un proveedor nikkei fue fundamental. La confianza genera redes de apoyo que en coyunturas extremas pueden hasta salvarnos la vida.

“Creo que el sentido de comunidad nos ayuda a que las redes de apoyo dentro de la comunidad nikkei sean un soporte muy grande para las personas. Lo he observado desde pequeña, en las reuniones de tanomoshi, por ejemplo, que no solo era reunirse para dar o recibir el dinero que te tocaba, sino también para compartir, conversar. En el grupo que participo, por ejemplo, hemos seguido reuniéndonos para hacer karaoke vía Zoom. Se ha visto la solidaridad al reunir dinero para apoyar a una persona, colaborar comprando una rifa o productos que venden algunas instituciones o personas nikkei”.

EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA EL FUTURO 

Lo peor de la pandemia parece haber quedado atrás. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Nunca se sabe. Ahora, aun si fuera cierto que el monstruo no resucitará con la fuerza destructiva de antes, su paso está dejando hondas secuelas: dolor, trauma, pérdida. ¿Cómo lidiamos con ellas?

“Lo primero que tenemos que reconocer es si el dolor, trauma o pérdida me están afectando en mi vida cotidiana: si tengo más o menos sueño que antes, tengo pesadillas recurrentes, insomnio, como más o mucho menos, dificultades para concentrarse o disfrutar de las cosas que antes me gustaban”, responde.

“Tenemos que aceptar que nos sucede algo doloroso o difícil de manejar, y a partir de ello hacer algo para sentir una emoción diferente que nos ayude a estar más tranquilos.Por ejemplo, si estoy triste, hacer o ver cosas que me den alegría, que me distraigan.Si estoy estresado o ansioso, aprender ejercicios de meditación o mindfulness, ayuda mucho a tener paz mental, aprender diferentes formas de afrontar el estrés, aprender a regular las emociones y pensamientos”, añade.

No necesariamente tenemos que enfrentar solos la adversidad. También nos ayuda“tener una red de apoyo social, conversar con familiares o amigos a través de los diferentes medios de comunicación”.

Asimismo, los rituales pueden tener efectos benéficos. Y la comunidad nikkei es pródiga en ellos. “Ante la pérdida de un ser querido, realizar algún ritual en casa ayuda a manejar la pérdida.Por ejemplo, la costumbre que tenemos de llevar un butsudan (prender un osenko, poner comida y bebida, flores, etc.), escribir una carta de despedida”, detalla.

Si el golpe es tan fuerte que la meditación, los seres queridos o los rituales no alcanzan para mitigarlo o recuperarnos, entonces lo mejor es consultar a un profesional de la salud mental, dice Irene.

Haya pasado lo peor o no, la próxima pandemia podría ser más letal que la actual, ha advertido la profesora Sarah Gilbert, una de las creadoras de la vacuna de Oxford-AstraZeneca.

Así las cosas, debemos estar preparados no solo desde el punto de vista sanitario, económico o social, sino también emocional. La psicóloga nikkei propone inculcar una educación emocional desde temprana edad para que la gente esté pertrechada para enfrentar diversos escenarios en el futuro.

“La educación emocional es algo que se viene incentivando desde hace varios años y a partir de todo lo que se ha observado por la pandemia es muy importante enseñarla y desarrollarla. Educar emocionalmente a los niños es una tarea que se inicia en la familia y que continúa a través de la educación en las escuelas”.

¿Qué se busca? “Que aprendan competencias emocionales que les ayuden a afrontar el estrés con mas calma y que tengan respuestas emocionales mas equilibradas (todas las emociones son buenas, unas agradables y otras no tan agradables de sentir); es decir, que lo puedan expresar de la mejor manera sin hacerse daño a sí mismos y sin hacer daño al otro (ese debe ser nuestro límite)”.

La educación emocional apunta a que la persona “tenga bienestar personal y social en las diferentes etapas de su vida. Cotidianamente se dice que uno tiene que buscar la felicidad y realmente no es así. Hay que reconocer la emoción que siento, expresarla de forma adecuada porque lo que se busca es que la persona vuelva a estar en equilibrio, y que a partir de ello pueda tomar las mejores decisiones para su vida”.

 

© 2021 Enrique Higa Sakuda

Irene Yamada kizuna2020 Peru psychologist vaccination

About this series

In Japanese, kizuna means strong emotional bonds. In 2011, we invited our global Nikkei community to contribute to a special series about how Nikkei communities reacted to and supported Japan following the Tohoku earthquake and tsunami. Now, we would like to bring together stories about how Nikkei families and communities are being impacted by, and responding and adjusting to this world crisis.

If you would like to participate, please see our submission guidelines. We welcome submissions in English, Japanese, Spanish, and/or Portuguese, and are seeking diverse stories from around the world. We hope that these stories will help to connect us, creating a time capsule of responses and perspectives from our global Nima-kai community for the future.

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